Select Page

The Ultimate Managed Hosting Platform

El contrato Yellow Dog: ¡Volvamoslo a instaurar!

Load WordPress Sites in as fast as 37ms!

El contrato Yellow Dog [«contrato de perro amarillo»] es un tipo de contrato muy honorable. Afirma que una de las condiciones para poder trabajar es que el trabajador renuncie a unirse a un sindicato. El contrato no es diferente, en principio, a que usted vaya a una fiesta en casa de una persona y el dueño de ésta le diga que ha de venir con un sombrero estrafalario, o aceptar no asociarte con una persona en concreto, un enemigo del propietario por ejemplo. Tanto en el caso de la empresa, como en el caso de la invitación, lo único que se «exige» es el derecho a la asociación. En efecto, se le dice «si quieres asociarte conmigo, has de hacer esto de esta forma». Usted es perfectamente libre de negarse, pero entonces, la otra parte no se asociará con usted. Es decir, no le permitirá entrar en su casa, o no le dará empleo.

Pero, ¿se imagina que usted necesite un trabajo? ¿No sería «injusto» que el empresario no le constratase a menos que usted renuncie en detrimento de sus derechos a la asociación para conseguir mejoras salariales y mejores condiciones de trabajo? No, esta situación no es más ilícita que si usted necesita ir a una fiesta, y odiando llevar un sombrero estrafalario, pero el anfitrión le insiste en que se lo ponga; o le exija no asociarse con sus enemigos. Después de todo, es su casa.

Todos nosotros declaramos nuestro libre derecho de asociación a través de estas implícitas «amenazas». Una esposa dice a su marido: «Si te dedicas a jugar con nuestro dinero, te dejo». El marido le dice a la esposa: «si te dedicas a irte con otros hombres, me divorcio de ti». El cliente le dice al vendedor, «si me das un producto de mala calidad, nunca más me vas a ver aquí». El propietario de un restaurante le dice a los comensales: «si son incapaces de portarse bien, ya se pueden ir de aquí».

La libre asociación es un elemento muy importante de la libertad. Si no tenemos el derecho a asociarnos con aquellos que nosotros (de forma mutua) elegimos, somos de hecho, y hasta cierto punto, esclavos. Lo único incorrecto de la esclavitud era que el esclavo no podía abandonar a su amo. El esclavo estaba forzado a «asociarse» con el dueño contra su voluntad.

El mismo principio mantiene el contrato Yellow Dog. Cuando se prohíbe, el empresario está obligado a asociarse con un sindicalista en potencia. Al forzar al empresario a que se asocie contra su voluntad estamos coaccionando a un hombre inocente. En esta situación se está violando el derecho a la libre asociación voluntaria.

El argumento para prohibirle la libertad al empresario es que, sin sindicatos, los salarios caerían en picado a algún nivel ínfimo determinado por la «generosidad» del mismo. Pero eso es totalmente falso. Los salarios, más bien, se determinan en base a la productividad (marginal del trabajo); y éste, a la vez proviene de la dura y exitosa labor que seamos capaces de hacer, y también, de la cantidad de cooperación y calidad del capital de equipamiento del que disponemos. Hasta que llegaron los sindicatos, a principios del S. XX, los salarios subieron significativamente en la industria (banca, seguros, niñeras, cortadores de césped) y en los países (Hong Kong, Singapur, Taiwán) donde la presencia sindical no existía. Los sindicatos llegaron a su cumbre hace unas décadas, y ahora hay un bajo porcentaje de sindicalistas en el sector privado. Durante esta marcada caída en el porcentaje de trabajadores «protegidos» por las organizaciones laborales, los salarios en Estados Unidos se han disparado.

Las organizaciones laborales son como la solitaria de la económica, infestan las empresas y se las van comiendo. No es por accidente que el conocido como «cinturón de óxido», la zona con más sindicatos de toda la nación, sea la región donde más empresas cierran del país cuando los sindicatos se disponen a chupar la sangre al empresario. No es ningún misterio que en el sur, la zona con menos sindicatos de todo el país, sea una de las áreas con mayor crecimiento. Las parasíticas organizaciones laborales en la cuenca minera también fueron responsables de la devastación económica del oeste de Virginia.

¿Son ilegítimos los sindicatos per se? No. Si todo a lo que se ciñesen fuese a abandonar masivamente al empresario si éste no cumple con las exigencias, los sindicatos no tendrían que ser prohibidos por ley. Pero de hecho, ni uno solo se comporta de esta forma. Lo que hacen es amenazar a las personas y a su propiedad, y no sólo del propietario sino también de los trabajadores, los llamados «esquiroles», que intentan hacer crecer los salarios y condiciones laborales a banda del sindicato. Los sindicatos también favorecen las leyes laborales que obligan al empresario a llegar a acuerdos con ellos, cuando en realidad, lo que quiere el empresario es ignorar a esos trabajadores y contratar a los «esquiroles» en su lugar.

El contrato Yellow Dog, además de salvaguardar los derechos de libre asociación de los empresarios y trabajadores, también sirve como remedio a los desórdenes económicos y violentos de los sindicatos contra la gente y contra su propiedad. Así pues: ¡larga vida al contrato Yellow Dog, volvámoslo a instaurar, ahora!

 

[Los artículos originales aparecen en: https://www.lewrockwell.com/2005/09/walter-e-block/the-yellow-dog-contract/]
Follow The Libertarian Hub This post has been republished with permission from a publicly-available RSS feed found on Mises. The views expressed by the original author(s) do not necessarily reflect the opinions or views of The Libertarian Hub, its owners or administrators. Any images included in the original article belong to and are the sole responsibility of the original author/website. The Libertarian Hub makes no claims of ownership of any imported photos/images and shall not be held liable for any unintended copyright infringement. Submit a DCMA takedown request.

-> Click Here to Read the Original Article <-

About The Author

Mises Wire

The Mises Institute exists to promote teaching and research in the Austrian school of economics, and individual freedom, honest history, and international peace, in the tradition of Ludwig von Mises and Murray N. Rothbard. These great thinkers developed praxeology, a deductive science of human action based on premises known with certainty to be true, and this is what we teach and advocate. Our scholarly work is founded in Misesian praxeology, and in self-conscious opposition to the mathematical modeling and hypothesis-testing that has created so much confusion in neoclassical economics. Visit https://mises.org

Leave a reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

%d bloggers like this: